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Autoedición: elección plataforma y formato texto

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Todo el método consiste en el orden y disposición de aquellas cosas hacia las cuales es preciso dirigir la agudeza de la mente para descubrir la verdad.

René Descartes

 

Tras la elaboración del volumen de la memoria de mi tesis doctoral, me gustaría compartir con vosotros lo aprendido durante la experiencia con la autoedición de libros en una plataforma de impresión bajo demanda.

Elección de la plataforma

Vaya por delante que ninguna de estas editoriales tiene establecidos criterios de selección para la publicación de un libro, con lo cual la calidad de la edición va a depender exclusivamente de la usabilidad de las herramientas que faciliten y de nuestra pericia y nivel de autoexigencia a la hora de editar el libro. Si a eso le sumamos el que la calidad final nunca alcanzará los niveles de excelencia de una buena imprenta tradicional (que merece todos mis respetos, y que solo debemos descartar si no podemos o queremos asumir, ni los costes, ni los dolores de cabeza, que implica encargarse uno mismo de la distribución), hay que cuidar mucho el proceso, porque lo que salga de nuestras manos será lo que se publicará. Y eso, que suena tan bonito, no lo es tanto…

En definitiva, aunque en el texto haya faltas de ortografía o de sintaxis, le falten dos capítulos y el tamaño de letras y gráficos requiera de la ayuda de una lupa para ser leído, nadie va a rechazar su publicación, ni nos lo va a devolver plagado de correcciones. Solo nosotros seremos responsables de la calidad del resultado final, así que más vale que seamos rigurosos en ese aspecto durante todo el proceso.

En el momento de escoger la plataforma, revisé minuciosamente Bubok y Lulu, y fue esta última la que ganó por goleada, es decir, por plantillas. Me parecieron más sencillas de utilizar y a pesar de que tuve que modificar algunas cosas sobre la marcha, me alegro de mi elección. Tened en cuenta que ambas plataformas tienen una ayuda pésima, así que más vale que escojáis aquella que os sintáis capaces de manejar bien desde el principio (aunque os recomiendo hacer ediciones de prueba siempre), porque luego deberéis solucionar los problemas que vayan surgiendo prácticamente solos.

Yo escogí Lulu como digo y, a la hora de seleccionar el formato del libro, me guié por criterios económicos: quería que el volumen impreso resultase lo más barato posible. No para esta edición, que no tengo previsto poner a la venta, sino para futuros proyectos; deseaba saber si podía autoeditar un volumen de buena calidad, sin que  resultase excesivamente caro, como suele pasar en estos casos. Es bueno que sepáis que el precio final no va a depender solo de lo que vosotros deseéis ganar con la venta, ya que de las opciones de impresión que seleccionemos, dependerá que el coste base de elaborar el libro sea más o menos alto. Recordad que, aunque el autor decida no ganar nada, el libro no será nunca gratuito, porque tiene los lógicos costes de impresión y además, al precio final habrá que añadir el coste del envío, que corre a cargo del comprador.

Mi opción fue blanco y negro, que además de más barata, está más en línea con la estética de ensayo académico que deseaba darle al volumen. También porque al no ser el papel de máxima calidad, utilizar el color implica que las páginas tengan un brillo que, además de encarecer el libro, puede hacer que su lectura sea incómoda, a causa de los reflejos que genera.

Es importante saber que, al trabajar en blanco y negro, las gráficas deben elaborarse originariamente en tonos grises y no en color, porque al convertirlas a gris perderemos muchos matices; pero lo cierto es que tanto Powerpoint como Keynote tienen opciones de paletas en gris que facilitan enormemente las cosas, aportando tonalidades que resaltan las diferencias una vez impresas. Mi recomendación es que en este caso no personalicéis los colores, subiendo y bajando tonos, los creadores de la plantilla ya han tenido cuidado de que los gráficos y tablas tengan el suficiente contraste.

Respecto al tamaño y el tipo de cubierta, me gustan los libros que pueden transportarse cómodamente, sin ocupar ni pesar demasiado, así que escogí un tamaño DinA5, por supuesto, con tapa blanda.

Descargué la plantilla que facilita Lulu para word, la renombré y la guardé en una carpeta específica para el libro, procurando así tener juntos tanto el texto, como las figuras, tablas y bibliografía que emplearía para su elaboración. A la hora de redactar un documento que convine texto, gráficas e imágenes, en mi opinión, es fundamental tener todos los elementos archivados siguiendo un orden que los haga fáciles de localizar.

Formato del texto

La plantilla por defecto sugiere que empleemos el tipo de letra Garamond de 11 puntos. Particularmente, me gusta esa letra para libros, pero le aumenté en un punto el tamaño, porque me molesta la incomodidad de leer con tipos demasiado pequeños, sobre todo cuando se trata de un libro más susceptible que otros de ser subrayado y anotado en los márgenes, como es el caso de un libro técnico (aunque yo hago eso mismo con las novelas, tal vez por eso lo tengo tan en cuenta). Adapté el resto de elementos: títulos 14, notas al pie 10, figuras y tablas 11, todas en el mismo tipo de letra.

Si sois amantes de letras como Helvética, Arial o cualquier otro tipo San Serif, recordad que son tipografías perfectas para ser leídas en pantalla, pero que para texto escrito, siempre es mejor una letra “con serif”, es decir, con una pequeña marca en la parte inferior del tipo que, a modo de guía, facilita la lectura enormemente.

En cuanto al redactado, tuve en cuenta los detalles: escribir las palabras en otro idioma en cursiva, evitar las negritas en el texto, homogeneizar las citas bibliográficas. Como en este caso, el texto era mi tesis doctoral, disfruté de un corrector de lujo, porque mi director es sumamente puntilloso con esos temas, así que me beneficié de su buen hacer, también en ese aspecto.

Os recomiendo hacer una última lectura concentrada en la revisión ortográfica antes de publicar, el corrector automático no avisa de acentos en palabras que existen también sin ellos o de casos como el famoso “sobretodo” que tan poco se utiliza para designar a un tipo concreto de prenda de abrigo y tanto, en cambio, cuando lo que se desea decir es que, sobre todo, procuremos evitar las faltas de ortografía. Cuidad también el tema de la sintaxis, a veces al cortar y pegar nos dejamos algún artículo viudo de sustantivo en el texto, del que el corrector no nos avisa, porque está bien escrito desde el punto de vista ortográfico y porque en el sintáctico la herramienta, sencillamente, no hila fino. Vigilad eso, e intentad, si es posible, que os corrija el texto una persona de confianza, porque de tanto releerlo es normal que al propio autor se le pase por alto lo más obvio y la versión final contenga alguna falta garrafal. Esa última lectura es importante.

(continuará…)

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