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Entornos virtuales colaborativos en Sanidad

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Barcelona

En la medida que se desarrollan en nuestras sociedades proyectos individuales, proyectos de dar sentido a la vida a partir de lo que somos y queremos ser, necesitamos más de Internet.

Barry Wellman. The Glocal Village: Internet and Community.

Las generaciones que viven un cambio de era no son nunca las que la datan y le ponen nombre, desconozco si antes de ahora siquiera fueron conscientes de ese cambio, dado que ninguno anterior fue tan veloz. Lo cierto es que nosotros sí podemos intuir que, tras la aparición de Internet en la segunda mitad del siglo XX, la globalización derivada de la eliminación de los límites físicos de lo posible y la implantación de lo que los sociólogos han dado en llamar “Sociedad Red” y que no es más que una sociedad donde la tercera parte de los habitantes del planeta están conectados, nos hayamos en los albores de una nueva era.

Los efectos de esa interconexión en nuestras vidas se reflejan especialmente en el modo en el que fabricamos y consumimos bienes intangibles. Todo parece estar a nuestro alcance y, sin embargo, surge ante nosotros un problema que ya creíamos resuelto: el escenario del conocimiento ha cambiado y hay que encontrar nuevas formas de gestionarlo, generarlo y difundirlo.

El hecho de que por primera vez en la historia de la humanidad las generaciones jóvenes se encuentren más preparadas que las adultas para asimilar competencias que pueden determinar el éxito o fracaso de un proyecto profesional, hace que sospechemos que el conocimiento con el que trabajamos no sigue las mismas pautas que el que manejábamos antes de la irrupción de Internet.

Ahora hay más conocimiento a nuestro alcance, con una gran capacidad de recombinación y unos niveles de obsolescencia muy elevados; se trata además de un conocimiento que se desarrolla a una gran velocidad y en el que la propiedad se ha democratizado, no siendo los currículums profesionales que manejamos capaces de reflejar quién sabe aquello que puede aportar valor real a un proyecto. Tras pasarnos años analizando cómo gestionar mejor el capital intelectual de la empresa, resulta que ahora estamos perdidos. Los sistemas que con tanto afán desarrollamos a finales del siglo pasado ya no nos sirven.

El entorno sanitario constituye el paradigma de lo que es una organización del conocimiento, solo la presencia de profesionales de la salud ejerciendo su trabajo convierte un lugar en un centro de atención sanitaria. Una roulotte, una tienda de campaña, pueden ser un hospital; un maravilloso edificio de cinco plantas con veinte quirófanos dotados de la mejor tecnología, sin personal sanitario ejerciendo sus funciones no es más que una construcción cara.

Por eso en sanidad es más necesario que en otras empresas tener dispositivos de detección, gestión y difusión del conocimiento: el conocimiento no es en este caso el capital de la empresa, ES LA EMPRESA.

Si sabemos que la mayor parte del conocimiento necesario para el desarrollo de sus funciones se encuentra dentro de la misma institución, parece lógico pensar que lo más urgente es establecer mecanismos que permitan detectarlo primero y difundirlo después con un sistema que sea capaz de hacer llegar ese conocimiento a todo el colectivo. Hacerlo significará un ahorro de costes, a la vez que facilitará el establecimiento de un canal estable de formación continuada y contribuirá a la eficacia de la organización al dejarla en disposición de aplicar todo el conocimiento del que dispone a la toma de decisiones, así como de utilizarlo para actualizar circuitos, procesos y servicios, es decir para hacerla más competitiva y eficiente.

Un entorno virtual de gestión de conocimiento, diseñado a medida de cada institución, es la mejor opción para que todo lo anterior ocurra.

La transformación del conocimiento individual en conocimiento colectivo mediante el debate orientado a objetivos y la generación de ideas útiles (es decir aplicables) permite hacer planteamientos a corto, medio y largo plazo que mantengan a la institución en un nivel de calidad óptimo.

Asimismo, los circuitos virtuales al ser baratos y de fácil implementación, permiten su actualización continua, y la adaptación de la institución a los cambios y novedades, por muy veloces que estos sean.

En realidad, lo único que debemos hacer es facilitar a los profesionales espacios donde conversar, compartir y cocrear, en un ambiente de libertad y respeto, para obtener beneficios rápidos en el sistema, que deberemos valorar de forma adecuada y sin caer en errores tales como medir el éxito de un entorno en función de sus niveles de actividad, sin tener en cuenta sus avances en la consecución de los objetivos para los que fue diseñado.

Hablar de entornos virtuales en el ámbito sanitario es hablar de dispositivos que ya existen aquí y ahora. EndoBlocLleida es un buen ejemplo, con sus más de 19.000 lecturas y 227 miembros, en una comunidad virtual de práctica clínica dedicada a una sola especialidad y territorio y en la que la participación es voluntaria, debe ser solicitada por el aspirante y sujeta la aceptación del mismo al cumplimiento de ciertos requisitos.

Apostar pues por este tipo de dispositivos es apostar por la puesta en valor del conocimiento colectivo y por la integración del conocimiento formal e informal, explícito y tácito, en currículums que en estos momentos son incapaces de reflejar las capacidades de los trabajadores y que no facilitan a la empresa la información necesaria para saber el capital intelectual del que puede disponer a la hora de crear valor.

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