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¿Hablamos de teletrabajo?

FC (2012). Horizonte

La crisis económica ha puesto en evidencia la insostenibilidad del modelo laboral español. Los problemas del mercado de trabajo lejos de ser coyunturales son estructurales, afectan a los fundamentos mismos de nuestro modelo sociolaboral y requieren una reforma de envergadura

B.O.E. 11 de febrero de 2012. Real Decreto-ley 3/2012, de 10 de febrero, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral

Sorprende comprobar que ante los problemas económicos que afrontan las organizaciones empresariales en estos tiempos, la idea del teletrabajo no se consolide como una opción real, que nos ayude a transformar un modelo social que se está agotando por momentos.

Con la irrupción de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), la opción de comunicarse y de trabajar desde distintas ubicaciones físicas, abre nuevas vías para las relaciones laborales y, como poco, debería ser motivo de discusión. La aplicación de las TIC como una herramienta que promueve el cambio organizativo ha acelerado la transformación del trabajo, hasta el punto de que las ventajas competitivas más sólidas de las empresas son, actualmente, aquellas que se sustentan en una combinación entre la utilización de las nuevas tecnologías y el cambio organizativo estratégico[1].

A este nuevo panorama laboral hay que añadir que el teletrabajo está asociado a dos reivindicaciones que mejoran claramente la calidad de vida: la igualdad de oportunidades y la conciliación.

La igualdad de oportunidades, tal y como yo la veo, significa sobre todo equidad social y equilibrio territorial. Facilita la inserción de colectivos que ahora se ven desfavorecidos frente a una oferta laboral escasa, agresiva y descontrolada, donde unas veces se le pide al trabajador que reúna requisitos innecesarios para el desarrollo de sus funciones y otras que haga lo imposible por limitar sus inquietudes intelectuales al campo de interés de la empresa. Conseguir un empleo se ha convertido en una carrera de obstáculos donde ya no sabemos qué es lo que debemos mostrar y qué lo que tenemos que ocultar: si la inexperiencia o el conocimiento previo, si las potenciales habilidades o los errores gracias a los que hemos aprendido, si la total disponibilidad o la escasez de dedicación dado el alto requerimiento de sus servicios.

En lo que hace referencia a la conciliación ¿qué decir? es probablemente el asunto sobre el que más afirmaciones demagógicas e hipócritas se han vertido. Todo el mundo parece estar de acuerdo en que es necesaria y sin embargo nadie hace ningún esfuerzo para conseguirla. Cada día es más difícil mantener un equilibrio familiar y laboral. De vez en cuando aparece algún político escandalizándose del aumento progresivo de la edad de las nuevas madres y de la disminución de la natalidad, pero no se abren comisiones para estudiar los motivos ni la forma en la que la sociedad puede ayudar a modificar esos datos.

Sucede también que el trabajo todavía tiende a concentrarse en las grandes ciudades y habitarlas cada vez demanda más poder adquisitivo, con lo cual todos aquellos que, bien en un intento de darle una respuesta personal a la crisis o bien como producto del lícito deseo de vivir en armonía con el entorno, han huido a los pueblos, se sienten discriminados a la hora de acceder a puestos de trabajo, en los cuales la mayoría de las veces se hace ya muy difícil justificar la necesidad de la presencia física del trabajador.

No me olvido de que el teletrabajo tiene un riesgo, que además no es pequeño, y es el de la pérdida de las relaciones de camaradería, que particularmente valoro mucho. El trabajo en sí tiene un componente socializador importante (aunque no es el único, por eso me niego a hablar de aislamiento en relación con el teletrabajo, en esta vida no todas las relaciones son laborales), pero no se trata de eliminar los lugares de trabajo convencionales, sino de que la oferta de este tipo de empleo, que facilita la racionalización de muchas vidas, pase a ser al menos tan numerosa y variada como la oferta del trabajo bajo el modelo clásico, del que muchos desean huir.

Quizás haya llegado el momento de volver a sacar el tema: ¿hablamos de teletrabajo?

[1]  M. Carnoy (2000). Sustaining the New Economy. Work, Family and Community in the Information Age.

4 Comentarios

  1. Hace años, unos cuantos ya, que en algunas (pocas) empresas se impone el teletrabajo porque se valoran los resultados y no la estancia en el puesto de trabajo, el cumplimiento de un horario establecido que parece ser que es lo que define el cumplimiento de los objetivos impuestos.

    Creo que es una cuestión, sobre todo, de falta de confianza y es que el mito del Lazarillo de Tormes y la picaresca que conlleva es más vigente que nunca.

    Estoy de acuerdo contigo que hace falta replantearse seriamente el modelo de trabajo del siglo XXI. Después de la manifestación del martes y de la evolución de ciertas cosas, empiezo a creer que los cambios sí que son posibles. A ver si éste (el modelo del teletrabajo) también empieza a esparcirse por toda la sociedad allá donde sea posible.

    Bon post, Francesca, i molt bon dia! :)

    • No digo que sea siempre, hay puestos que requieren estar en un lugar y a una hora determinado, pero muchas veces por lo que paga la empresa es por “calentar la silla”. En realidad, aunque nos esforcemos por hacer bien nuestro trabajo, no nos pagan (y a veces tampoco nos valoran) por la calidad de lo que hacemos, sino sencillamente por estar ahí.
      Últimamente no tengo claro si es por temor a que no hagamos lo que nos piden o a que lo hagamos en menos tiempo y el resto lo aprovechemos para ser felices.
      Ya sabes que yo no soy independentista pero, como me conoces,también sabes que creo que es bueno replantearse seria y serenamente todos los modelos y que debe poderse hablar de todo, sin tabúes.
      Gràcies per passar-te per aquí avui, Nur.
      Yo sigo aquí, predicando con el ejemplo… un sábado, trabajando en casa, andaque… ;-)

      • Sí, sí, está claro que el teletrabajo no puede incluir todos los puestos de trabajo. Una curiosidad: en la organización donde “resido” (aunque, como tú, también teletrabajo en sábado), se hizo hará un par de años una prueba piloto para que un determinado porcentaje (reducidísimo) de trabajadores pudieran tener derecho al teletrabajo.

        Curiosamente una de las personas que lo solicitó trabaja en la oficina de atención al ciudadano, un puesto donde está más que claro que no puede haber teletrabajo. A no ser que su atención al ciudadano, que no era el caso, no fuera estrictamente presencial.

        Y, precisamente, las diferencias ideológicas y poder hablar de ello con tranquilidad, cosa que está ocurriendo estos últimos días, pero raramente había ocurrido los últimos años, es algo que me satisface y que me hace pensar eso, que algo, de verdad, está cambiando :)

        Una abraçada i bon dissabte, Francesca!

        • ¡Pero por lo menos se lo plantearon! ¿y colgaron en algún sitio los resultados de la prueba piloto? sería interesante conocer lo que pasó.
          Se está volviendo urgente un té en el Josephine ¿no te parece? :-)
          Hasta mañana…

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