La escritura en Internet
Todo lo que afecta a las personas tiene una variabilidad que lo convierte en complejo, pero también es susceptible de una generalización que nos puede dar pistas sobre cómo es mejor hacer tal o cual cosa.
La lectura y los lectores se someten a esa norma y no podemos olvidar ni a unos ni a otros cuando escribimos en Internet. O lo que es lo mismo, cuando escribimos una entrada hemos de tener en cuenta que será leída.
¿Obvio? puede, pero lo cierto es que a la escritura en internet, al contrario de lo que pasa en otros medios escritos, se llega impelido por la necesidad de compartir y no por el placer de ser escuchado. Prima el querer escribir sobre el deseo de ser leído. Al contrario de lo que ocurre o debería ocurrir en los periódicos donde lo importante es que la gente entienda la noticia, el autor de un blog suele olvidar al lector y utilizar ese espacio como un contenedor de ideas propio al que los demás pueden, si lo desean, asomarse.
Eso no sería problema si no fuera porque se da la paradoja de que un día el autor mira cómo sube el contador estadístico y se sorprende de que la cantidad de visitas no se corresponda con la calidad que él y los que le rodean le otorga a lo que el blog contiene. El fallo de la ecuación es muy fácil de detectar y ni siquiera es un error, sencillamente queremos que nos lean pero no estamos dispuestos a hacer el sacrificio de adaptarnos al medio.
Olvidamos que Internet es un medio de comunicación llámale audio-visual, llámale multimedia… pero no es un libro, ni siquiera es un libro digital. En realidad, Internet es un medio hostil por naturaleza para la palabra escrita y solo si entendemos eso podremos conseguir que lo que publicamos en él toque la mente o el corazón de los lectores. Es más solo así tendremos lectores habituales.
La experiencia me dice que cada lectura requiere su entorno y cada lector tiene su ritual.
No soy lectora de trayectos cortos -sí de viajes largos- pero entiendo que alguien lea una novela de misterio a trompicones, aprovechando tiempos muertos entre reuniones o en el autobús camino del trabajo. Eso es lo que yo llamo lectura capitular: un capítulo cada sentada. Así puede uno leer una novela de Maigret, por ejemplo, pero no recomiendo leer a Tolstoy de ese modo.
Ana Karenina requiere otro entorno. Yo tengo un par de lugares para leer en casa: sillón, mesita baja cercana, portaminas, gafas de lectura, manta sobre el reposapiés. Si hago el esfuerzo de llevar mi mente al Moscú del siglo XIX (teniendo en cuenta que nunca he estado en Moscú, si siquiera en el del siglo XXI), no es para quedarme allí media hora. Me dirijo al lugar de lectura y sigo un ritual que me permita desconectar de mi realidad y sumergirme en la del escritor (trabajo del día acabado, sala en silencio, bebida caliente en invierno, fría en verano, alcohólica de noche, estimulante de madrugada…), solo entonces leo.
¿Cómo se lee en Internet? Pues depende, a veces con un entorno y un ritual determinado también, pero solo eso si eres una persona muy organizada o que se encuentra en esos momentos recogiendo datos sobre un tema en particular, normalmente por motivos académicos.
Lo habitual es que uno se encuentre buscando algo sobre un tema o trabajando en un asunto y de repente pase ante tus ojos un tweet con un enlace que presupones interesante o que navegando pases de un blog a otro y por el camino te tropieces con un tema que sabes que tienes pendiente de revisar, aunque no tenías previsto hacerlo ahora.
Es decir, lo que suele pasar es algo parecido al fenómeno del zapping en televisión: el texto va al lector y no el lector al texto y eso supone un cambio en el paradigma… del que me apetece mucho seguir hablando aquí.





