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La apertura de datos

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“La sociedad burguesa no se basa en la cooperación consciente con miras a la existencia y la felicidad de sus miembros. Su principio vital es otro. Cada uno se empeña en trabajar para sí mismo, y está obligado a pensar en su propia conservación. No existe un plan que determine cómo ha de satisfacerse la necesidad general.”

Max Horkheimer, Teoría crítica.

Empiezo hoy un curso sobre la apertura de datos leyendo (estudiando) el artículo “La apertura como catalizador para la reforma en la enseñanza” de David Wiley. Una de las muchas cosas interesantes que comenta el autor es que Internet ha permitido que las expresiones digitales del conocimiento tengan la misma calidad mágica no competidora que el conocimiento compartido. La frase aparece destacada en el segundo párrafo y su lectura me obliga a pensar en la forma en la que yo entiendo el compartir y que poco tiene que ver con la definición que para ese verbo tiene la RAE (“1. Repartir, dividir, distribuir algo en partes”. 2. Participar en algo.”) y que si bien es válida para los objetos, no se ajusta a la forma en la que gestionamos los bienes intangibles.

Compartir conocimiento implica contarle a otro lo que sabes y que ese otro haga lo propio, con la salvedad de que ninguno de los dos pierde un ápice de lo que posee sino todo lo contrario. Con el conocimiento todos ganan, no cabe siquiera la posibilidad de realizar un reparto injusto, porque la aportación más pequeña puede ser la semilla que germine en el mayor de los descubrimientos. Eso nunca se sabe de antemano.

Apertura de datos significa compartir sin competir, es decir colaborar en el sentido más amplio y ético de la palabra.

David Wiley habla de las licencias de derechos de autor que se ajustan a la idea del conocimiento compartido en abierto y de las autorizaciones que tenemos como usuarios y que se resumen en las ya famosas 4Rs:

Reutilizar – Revisar – Remezclar y Redistribuir

Disiento de Wiley cuando los denomina “actos de generosidad”, porque está demostrado que, con independencia de la valoración ética que podamos hacer, son sobre todo “actos de eficiencia”, se aprende más y más rápido gracias a ellos, de la misma forma que facilitan el que se difunda más y mejor lo que uno sabe. Los grandes beneficiarios son los objetivos que se deseen alcanzar gracias a la aplicación práctica de ese conocimiento compartido.

Esa es quizás la única pega que le pongo a este primer artículo analizado en el curso, abrir los datos es compartirlos y no hacerlo nada tiene que ver con un acto de egoísmo, sino con la profunda ineficiencia del sistema y el desaprovechamiento de lo que saben los ciudadanos (y que aprender en buena parte gracias a la financiación parcial de la enseñanza, que se hace con nuestros impuestos). También tiene que ver con el miedo a que el ciudadano conozca las interioridades del sistema, pero nosotros tenemos no solo el derecho a saber, sino el derecho a aportar nuestro conocimiento para colaborar en la mejora de nuestra sociedad.

Seguiré informando sobre este curso, porque pinta bien.

La apertura como catalizador para la reforma de la enseñanza

 

3 Comentarios

  1. Muy interesante, Francesca. Veo que te diversificas, y me gusta, porque sé que vas a sacar mucho valor de todo esto. Me ha gustado mucho el post, y lo voy a menear ahora por Twitter. Muchas gracias,
    un abrazo

    • Hola Amalio, ya sabes cómo somos los humanistas: tenemos intereses variopintos y yo, para acabarlo de arreglar, soy una rara avis que disfruta estudiando :-)
      Creo además que el tema de la apertura de datos es un asunto que, con independencia de cierta demagogia que parece consustancial a todo lo que suene a “novedad”, abre una nueva vía de colaboración ciudadana y de aprovechamiento del saber de todos. Ya veremos cuánto aprendo…
      Un abrazo.
      PS. El que me parece que te gustaría mucho es un curso que estoy acabando ya, con un americano divertidísimo que nos enseña a “razonar y argumentar”… ahí creo que voy pa’ nota 😉

  2. Predefinir las cajas en las que colocar el conocimiento siempre parece que ha ayudado. Claro que ahora quizá las cajas no tienen tanto sentido. Frente a la caja ha surgido con fuerza el concepto de “etiqueta”, que nos da mucha más flexibilidad. Etiquetar favorece el concepto multidimensional del conocimiento. No hay una manera única de clasificar.

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