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Límites y conflicto en los entornos virtuales

FC (2012). Staple Inn

Si la intensificación de explotación de un recurso conduce a su agotamiento, la sociedad premia a los individuos que comparten [...]. En cambio, si la intensificación genera más producto, la sociedad promueve la rivalidad y la búsqueda de prestigio.

Marvin Harris. Antropología Cultural

Una de las características que definen las estructuras relacionales basadas en Internet es que la naturaleza del medio les permite crecer a gran velocidad y a su vez, ese crecimiento es anárquico, de forma que gestionar cualquier entorno virtual pasa por entender que hay que conseguir que las relaciones se mantengan dentro de unos límites que establezcan una frontera porosa, pero que acoten bien al grupo.

Los límites no solo son necesarios para fomentar el sentimiento identitario grupal, sino que son el paso previo a la incorporación de normas de relación que afecten a un colectivo que carece por completo de los mecanismos de endoculturación que se dan, no sin dificultad, en el mundo presencial. Sin embargo cuando el factor que determina el éxito o el fracaso del grupo es algo intangible, como es el caso del conocimiento, identificamos límites con barreras y normas con la censura capaz de obstaculizar cualquier proyecto.

Pero aferrarnos a una interpretación ingenua del relativismo cultural y pensar que si no hay reglas es imposible saltárselas es un error.

A lo único que conduce con toda seguridad la ausencia de límites y normas es a no poder detectar con exactitud quién se haya peligrosamente situado en el nivel de tolerancia del grupo y qué consecuencias puede acarrear para el conjunto que finalmente lo traspase.

Hacer oídos sordos y no monitorizar las relaciones intergrupales provocará, en el mejor de los casos, un deterioro que dificultará el trabajo colaborativo entre algunos integrantes del colectivo y en el peor, el alejamiento de miembros clave, con lo que eso puede suponer para la organización en su conjunto. No olvidemos que el máximo capital de cualquier sistema de trabajo colaborativo reside en los integrantes de la comunidad que lo conforman. La posibilidad de contrastar ideas con personas de las que crees que puedes aprender es determinante a la hora de decidir entrar a formar parte de un equipo de estas características y no debemos olvidar que los mejores siempre desean saber más.

Mapear las interacciones, destilar las medidas de actividad y relación, analizar las estadísticas de participación hasta saber quién hace qué y cuándo y con quién lo hace, permite detectar anomalías en el comportamiento social de los miembros del entorno virtual. Localizar el foco de los cambios en la tendencia agrupacional si los hubiese y comprobar que los grupos reales están alineados con los teóricos que se establecieron en su día, es de suma importancia para alcanzar los objetivos finales.

Los flujos de conocimiento que se reorientan de forma espontánea no tienen por qué ser perjudiciales ni para la consecución de los objetivos, ni para la estabilidad social de la comunidad virtual, pero es preciso tener una imagen real en todo momento de lo que está pasando en el entorno y lo normal es que debamos añadir factores correctores para conseguir la evolución esperada.

Si por el contrario, consideramos que las distorsiones detectadas son peligrosas para el funcionamiento del conjunto, realizar acciones profilácticas, puede suponer abortar el conflicto antes de que estalle y nada negativo puede salir de tomar una medida de ese tipo. Prevenir siempre es mejor que curar.

La gran diferencia entre los entornos presenciales y virtuales es que mientras que en los primeros se habla de dinamización, en los segundos debe contemplarse la realización de acciones de gestión pura: análisis cualitativo y cuantitativo, vigilancia de los indicadores sensibles, aplicación de factores correctores, toma de decisiones… Claves que funcionan en el mundo presencial no lo hacen en el virtual. Somos los mismos, lo que pasa es real, pero el conflicto es más difícil de detectar y requiere de un trabajo sordo y discreto, donde sin quitar protagonismo a quien debe tenerlo, se controle que los canales de transmisión de conocimiento están limpios de obstáculos y que este puede fluir por ellos sin esfuerzos añadidos.

Suele decirse que la tecnología no debe ser una barrera, ahora falta que entendamos y aceptemos que la metodología tampoco debe serlo.

La fotografía es de la entrada a los jardines del Stapple Inn, uno de los pocos conjuntos arquitectónicos que sobrevivió al gran incendio de Londres de 1666.

Un comentario

  1. Una vez más, con lo que se refiere al aprendizaje, no puede ser responsable, en nombre del grupo porque todos deben estar involucrados en la actividad de aprendizaje si se quiere hacer adquisiciones cubiertas por esta actividad.

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