Sin horizonte de expectativas
Pese a que compartía su aversión por el intervencionismo estatal y por las peligrosas tendencias que marcaba el Estado del Bienestar, no podía estar de acuerdo con su individualismo, y con el consiguiente descuido que hacían de lo político y de la importancia moral de las acciones comunes.
Bertrand de Jouvenel. La ética de la redistribución.
El horizonte de expectativas del que tanto hablaron los filósofos alemanes es el que delimita el campo de acción, en el que nos parece posible decidir cuál de nuestras metas más preciadas se puede llevar a la práctica y optar por ella.
A la humanidad siempre le ha gustado que filósofos primero y sociólogos después, especulasen sobre el futuro que nos esperaba a partir de una reevaluación de la historia vivida y elaboraran una especie de catálogo realista de ambiciones razonables, una hoja de ruta con la que pudiésemos trabajar colectivamente.
Sin embargo, eso que en otros momentos ha sido práctica habitual, parece ser que ahora nos da miedo, ya nadie se atreve a reflexionar en voz alta y mucho menos a debatir sobre las perspectivas de la sociedad y la cultura humanas en el siglo en el que como quien dice acabamos de entrar. Todo se limita a la economía, pero la economía no debería ser una entidad intelectual autónoma, libre del sometimiento a las leyes y juicios éticos de la colectividad.
Algunos se aventuran, como mucho, a hacer un vaticinio excesivamente prudente sobre la solución de problemas concretos, pero no sobre la evolución de las tendencias sociales y políticas de largo alcance y su proyección en décadas venideras.
Todos sabemos que dichos augurios estarían sujetos a una infinidad de matizaciones futuras, pero el poder de una sociedad que tiene un horizonte de expectativas claro no es el grado de acierto de sus predicciones, sino el hecho de que permite al colectivo orientar la toma de decisiones hacia un futuro pactado, surgido del consenso.
Suelo decir que hay que dejar que la vida “suceda” sin forzarla, pero lo cierto es que el futuro no ocurre sin más, sino que poco a poco lo vamos dotando de las condiciones y actitudes necesarias para que se alinee con nuestros deseos. Por eso necesitamos tener el mapa de situación que nos indique lo que somos y lo que como sociedad queremos llegar a ser.
Una vez tengamos eso claro, deberemos preguntarnos, qué visión intelectual nos permitiría cambiar nuestras ideas y adaptarlas al mejor de los futuros disponibles y, solo entonces, inevitablemente entonces, asumir la responsabilidad, correr el riesgo y salir de nuestra zona de confort para estar en condiciones de entregar a las generaciones venideras una sociedad mejor de la que nosotros encontramos.
Eso hicieron las civilizaciones que nos precedieron y eso, ahora que la nuestra se derrumba, deberíamos estar planteándonos hacer nosotros.
Autor fotografía: Núria Vives. Núria es, además de amiga, funcionaria inquieta y eterna aprendiz de todo, especialmente de fotografía. Esta la hizo en Oia (Santorini).





