Pages Navigation Menu

Sobre la Propiedad Intelectual (1)

3 Flares 3 Flares ×

El saber es la única propiedad que no puede perderse.

Bías de Priene

Hace unos días, en uno de los muchos espacios en los que tengo la suerte de coincidir con él, Iñaki Murua me preguntó el porqué de que en mis diapositivas pusiera un copyright restrictivo tradicional y sin embargo, al final de la presentación, indicara que la presentación estaba sujeta a una licencia Creative Commons.

La primera razón que le di para hacerlo fue la de provocar de forma indirecta una discusión sobre el tema del registro y compartición de la propiedad intelectual, del que tantas cosas damos por sentado algunos y al que tan poca importancia dan otros. Aunque lo cierto es que se trataba una razón debilitada por la evidencia, ya que él fue el primero (y, hasta ahora, el único) al que la doble licencia le chocó lo suficiente como para preguntarme sobre ello.

Mi segunda argumentación decía algo así como que, pensando en los que no supiesen lo que eran las licencias Creative Commons y, especialmente, en los que, conociéndolas, no quisiesen respetarlas, quería dejar claro que la autora era yo.

Pero luego recapacité y me di cuenta de que no había leído nunca el texto de la Ley de Propiedad Intelectual (1) y me limitaba a repetir (y, probablemente, también a interpretar a mi manera) lo que me habían contado otros que a su vez quizás tampoco la habían leído. Así que, aún a sabiendas de que estos asuntos debe tratarlos alguien especializado en este tipo de legislación, he estado consultando bibliografía y voy a atreverme a hacer un pequeño resumen sobre la forma en la que veo el tema en estos momentos.

Debo confesar que he descubierto muchas lagunas en mi conocimiento sobre algo que parece sencillo y que, mucho me temo, no hubiese resistido un examen mínimamente riguroso si me lo hubiesen hecho. En mi buceo por la bibliografía, me he enterado de que existen dos tipos de derechos en lo que hace referencia a la protección de las obras científicas, literarias y artísticas que cumplan los requisitos necesarios para acogerse a ellos (es decir, que sean creaciones intelectuales originales y que se manifiesten en algún soporte susceptible de ser reproducido): los derechos de autor y los derechos conexos. Los primeros establecen la protección de las personas creadoras de obras intelecturales, y los segundos protegen a aquellos que realizan trabajos y aportaciones a una obra aunque haya sido creada por otra persona, como son los intérpretes, los productores, las entidades de difusión, las editoriales…

Lo malo es que en el bosque legislativo las cosas no son tan claras como en otras disciplinas y los legos en la materia vamos perdidos. Mi primera reflexión fue sobre la identidad del autor propietario de los derechos cuando la obra se realiza de forma colaborativa; busqué y encontré una respuesta lógica: todos los autores. Pero ¿qué pasa si la obra es colectiva? en ese caso, el autor al que protegen esos derechos es la persona bajo cuya iniciativa y coordinación se edita y divulga la misma. Es bueno tener claro que, cuando trabajamos en una obra colectiva, los derechos de explotación son propiedad del editor y no debe sorprendernos que los ejerza sin nuestro permiso explícito.

Lo siguiente que hice fue preguntarme qué entendía la ley por “original”, dado que la originalidad es la que sirve de base para diferenciar entre una obra y la prestación de la misma, y ambas disfrutan de derechos distintos. Y no, no es tan sencillo. La original no debe ser producida por una máquina (léase ordenador, al menos en lo que a mí me preocupa) aunque el autor sí puede utilizar una máquina para hacer su aportación y no debe ser la reproducción automática de otra ya existente, para que nos entendamos: una fotocopia no es una obra de arte.

Un ejemplo que puede crear controversia es el de la fotografía. Se trata de la reproducción de una obra ya existente, pero con un componente de creación artística por parte del fotógrafo. Eso es lo que la convierte en susceptible de ser considerada propiedad intelectual, sin ese componente subjetivo de la creatividad, sería una mera reproducción realizada gracias a una máquina y, por tanto, carecería de originalidad y de derechos. Al menos en una primera aproximación al tema.

Pero, al igual que hemos dicho que existen dos tipos de derechos para proteger las obras y que los derechos de autor son solo uno de ellos, también existen dos tipos de derechos de autor, a saber, derechos morales y derechos de explotación.

Los derechos morales los tiene el autor por haber creado la obra, con independencia del registro al que la someta, e incluso si no la registra. De modo que, cuando hablamos de protección de la propiedad intelectual, nos referimos normalmente a los derechos de explotación, que son los que le conceden al autor la exclusividad sobre la explotación de su obra, de forma que puede prohibir su utilización, pero también está facultado para permitir la reproducción, distribución y transformación de la misma. De igual manera, puede cobrar por autorizar cualquier forma de explotación de su obra, o puede renunciar a cobrar dinero por ella.

Es decir, el copyright clásico, restrictivo y tan denostado por todos nosotros (por mí, a veces, también), no implica necesariamente que no se vaya a autorizar a alguien a utilizar una obra gratuitamente, lo que hace el autor es no ceder el control sobre ese tema (en la medida en que eso es posible), porque prefiere ser él quien decida quién, cuándo y cómo se utiliza el producto de su trabajo intelectual.

Y digo “en la medida en que eso es posible” porque los derechos de autor, contrariamente a lo que a veces se piensa, tienen límites que se especifican claramente en la Ley de Propiedad Intelectual (1).

De momento, esto es lo que me parece saber, porque el tema no es sencillo. Para aquel de vosotros que desee información de primera mano, dejo unos enlaces recomendados al final de este post. En breve espero publicar un texto que complemente este y donde se hablará del Acceso Abierto y las licencias Creative Commons.

Enlaces recomendados:

Ley de Propiedad Intelectual

Registro de la Propiedad Intelectual

Blog de David Bravo

Blog Propiedad Intelectual Hoy

 

Un comentario

  1. El problema es que no adoptamos el respeto a las licencias y más cuando no leemos tan siquiera las condiciones y mucho menos reconocemos a su original autor por lo más mínimo. Se entiende que por respeto cada obra es única y es considerable para todos, puesto que no se sabe el valor considerable que pueda llegar a tomar la creación. Como obligación tenemos que respetar y hacer valer los derechos de los demás como nuestros propios mismos derechos puesto que todos somos libres de publicar y crear cosas nuevas para que se respeten y se reconozcan nuestras obras o creaciones que un día posterior puedan llegar a ser reconocidas o en un caso extremo al llegar a ser famoso. Cabe mencionar que hay que educarnos primero en conocer o buscar la manera de no cometer una falta y evitarnos problemas con el hecho de informarnos sobre lo que es “propiedad intelectual”.

3 Flares Twitter 0 Facebook 2 LinkedIn 1 3 Flares ×