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Tiempos difíciles

Supervivencia
[...] No está lejano el día en que tengamos un cuerpo de gobernantes imbuidos de realismo y ese Gobierno estará integrado por jefes de negociado, realistas, que obligarán a las gentes a vivir de acuerdo con la realidad y descartando cuanto no sea realidad. Tenéis que suprimir por completo la palabra imaginación. La imaginación no sirve para nada en la vida.[...]

Tiempos difíciles. Charles Dickens.

Justo cuando todo parecía indicar que la correcta ocupación del tiempo libre sería el problema al que tendría que enfrentarse nuestra sociedad en un futuro inmediato (ahora es fácil negarlo, pero hace una década los sociólogos alertaban del aumento del tiempo de vida ociosa: mientras la esperanza de vida crecía, la edad de jubilación se mantenía o reducía incluso y varias generaciones de personas preparadas especialmente para el trabajo, pero no para el asueto, habían de vagar pronto con las manos en la espalda, paseando por parques como zombies), resulta que lo que se nos ha venido encima es (otra vez) la animal lucha por la supervivencia.

Estoy de acuerdo en que para largos años de ocio no estábamos preparados, pero eso no evita que la situación actual nos haya pillado con el paso cambiado. Y en ese discurso de ahorro y protección de lo poco que pueda salvarse del naufragio (es decir, de miedo), por supuesto, la cultura y la ética son un lujo del que parece que debamos prescindir.

Lo malo es que vendrán tiempos mejores y entonces no podremos olvidar la forma en la que ahora que pintan bastos, nos estamos comportando cada uno de nosotros. Conozco algunos que, para su sorpresa, se mantienen dignos cuando pensaban que eran negociantes sin alma, pero también otros que se sorprenden de no ser capaces de llevar a la práctica las doctrinas que portaban cual estandarte, cuando nada parecía que las pondría en peligro. Las guerras sacan a flote esa parte oscura de nosotros que desconocemos y el día a día discurre con una escaramuza tras otra. El estado de alerta permanente se nota en que incluso hemos aprendido el lenguaje propio del conflicto, que ahora no es otro que esa prima de riesgo que muchos no sabíamos que existía hasta hace pocos años, y en que escuchamos las noticias de la Bolsa como el que escucha el parte desde el frente. Los analistas económicos son los nuevos reporteros destacados al centro del conflicto.

Por el camino se ha perdido el valor de la palabra dada. La mayoría de los políticos dicen cualquier cosa que parezca tranquilizadora, a sabiendas de que no esperamos escuchar la verdad (¡qué triste es cuando ya ni siquiera puedes decepcionar a nadie!), los banqueros ya no disimulan su codicia y piden fondos que habremos de pagar todos, con la soberbia del que se siente en su derecho, y algunos no pensamos que ni unos ni otros nos vayan a sacar de esta, siendo además ellos los que nos han metido.

La esperanza de que, como sociedad, seamos capaces de optar por una forma de supervivencia solidaria y de que instauremos una nueva manera de entender el triunfo, que incluya el logro intelectual ético, mientras que el aparentar y estar en boca de todos no sea ya una unidad de medida válida para los nuevos ganadores, es lo que nos permite a algunos creer que estamos presenciando el inicio de una nueva era, que pasará a los anales de la historia como aquella en la que la gente recuperó la cordura y volvió a valorar lo mejor de la vida.

Por eso es tan importante que la educación no nos sea arrebatada. Que los que disfrutan exhibiendo su desprecio por la cultura, no conviertan en prohibitivos esos libros con los que pasaremos largas tardes de invierno, ni las noches en el teatro, ni los días de cine… Y que no priven a nuestros hijos de un buen maestro, ni de las herramientas para crecer por dentro mientras por fuera solo se estiran.

Salimos de una época en la que el dinero ha sido la motivación más poderosa y su acumulación la entrada que daba acceso al poder y la medida del éxito propio y ajeno. Esa era una verdad incontestable, hasta el punto de que nadie se atrevía a imaginar otra. Pero ahora no solo podemos, sino que debemos hacerlo, porque la nueva era no viene lista para consumir, sino pendiente de construir, de modo que no demos por sentado que lo que saldrá de todo este embrollo será mejor y pongámonos a ello.

4 Comentarios

  1. Redondo Francesca: Una era que no viene lista para consumir sino pendiente de construir.

    Hay que empezar por mirar dentro de cada uno de nosotros para quitarnos las capas de cebolla de la hipocresía propia (no siempre malintencionadas pero que ahí están) y recuperar el valor de la palabra dada. Y estar dispuestos a querer escuchar la verdad, si no nunca sabremos detectarla y exigirla.

    Un abrazo!

    • Gracias, Isabel. Es que a veces me parece que nos lo estamos tomando como si esto fuese realmente solo una cuestión de dinero, pero ha sido consecuencia de una degeneración ética importante, de los que tenían el dinero y el poder, sí, pero de la que nosotros no nos hemos mantenido al margen.
      La sociedad somos todos y hemos dejado que la gobiernen unos valores que, sinceramente, nadie puede decir que esperaba que nos llevasen a algo muy distinto. Que tardasen en llevarnos sí, claro, yo creo que en secreto todos rezábamos para que la bicicleta no se parase y nos cayéramos de golpe… pero esto mucho más de sí no podía dar.
      O asumimos que el “mirar hacia otro lado” ya no es posible o lo que salga de todo esto será diferente, pero no mejor. Hacer las cosas bien cuesta y ser honesto y escuchar al otro, como tú bien dices, también… pero va a haber que hacerlo :-)
      Un abrazo.

  2. Es que la ética, la moral o, por no ponerme grandilocuente, la cortesía (con uno mismo, con los otros, con el mundo) cuando hay que mantenerlas es en los malos tiempos.
    Porque como bien dices, cuando todo va bien es muy fácil tener principios, nada más simple cuando nada los cuestiona, cuando nada te juegas.

    La cosa está en ver como, cuando hay mar de fondo, a partir de esos principios nos apañamos los mientrastantos y nos montamos los finales.

    Un placer venir a leerte, como siempre.

    • Me gusta eso que dices de la cortesía… en realidad yo casi que con eso me conformaría, por lo que acarrea de respeto al otro y (sobre todo) a uno mismo.
      Los mientrastantos son lo más difícil y últimamente se solucionan demasiadas veces con los sálvesequienpueda… una pena.
      Un placer que vengas, como siempre también.

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