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Vetusta

El congreso de la Sociedad Española de Endocrinología, en el que participé la semana pasada, fue una experiencia de la que, como siempre, intenté y logré aprender algunas cosas.

La más obvia fue que existe un problema real en lo que hace referencia a organización de eventos y, mientras algunos tenemos que esforzarnos por rizar el rizo de la innovación para sorprender en un terreno en el que creemos que ya empieza a ser difícil hacer cosas auténticamente nuevas, otros no parecen enterarse de que las cosas han cambiado y (supongo) esperan morir de inanición, cuando la gente deje de acudir a un acto, en el que se ofrece conocimiento únicamente en un formato en el que puede ser adquirido desde casa, utilizando una sencilla combinación de grabación en vídeo y pdf descargable.

Yo intenté, dado que mi aportación se enmarcaba en el contexto de lo que habían denominado “taller con el experto”, ir un poco más allá y acercarme a lo que normalmente llamamos “cafés de innovación”. Nada del otro mundo, excepto que la idea es crear conversaciones distendidas en las que todos se encuentren a gusto para preguntar lo que deseen y el experto no sienta la necesidad de mirar el reloj de forma compulsiva y aporte el máximo de lo que sabe.

Algo logré, porque los asistentes permanecieron en sus sillas (dispuestas como en un aula normal, no en círculo como podría esperarse de un “taller”), y por supuesto sin café en la mano (más que merecido, porque tenía lugar a las 8:30 de la mañana).

Siguiendo con la importancia del escenario, cabe decir que opté por mostrar la presentación de apoyo en pantalla en formato pdf, ante la imposibilidad de conectar mi propio ordenador al proyector, y que tuve que pasar las diapositivas desde el teclado del ordenador que la organización había dispuesto sobre un atril, instalado a su vez sobre una tarima, por supuesto con un micrófono fijo.

Si nunca he entendido esas disposiciones, en algo a lo que se llama “taller” todavía menos. Si al supuesto experto hay que subirlo en volandas para que la gente lo distinga entre los allí presentes, mal vamos…

No me malinterpretéis, la organización fue atenta, la azafata cordial, el técnico de la sala me ayudó a solucionar el “problema” que supuso que mi presentación estuviese hecha en keynote (¿eso es extraño? yo creo que no). No tengo ninguna queja del personal. Ni en cuanto a su valía, ni mucho menos en lo referente a su trato, que fue exquisito.

Lo realmente sorprendente fue comprobar que, mientras en algunos foros lo que preocupa es elegir el sistema en el que se realizará el streaming del acto, en otros las diapositivas se pasan a mano.

A eso le llamamos brecha digital y no es un invento de nadie, está ahí, es real… y algunos van a caer en el abismo en breve ¡y si no, al tiempo!

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